Junio 21, 2023 (El Universo) Cada sector debe tomar acciones preventivas y analizar cómo está para elaborar planes de contingencia ante el anuncio de la llegada del Fenómeno de El Niño al país. Esta es la conclusión a la que llega María del Pilar Cornejo, experta en reducción de riesgos de desastres, oceanografía y cambio climático.
La especialista participó de un conversatorio que se realizó en Guayaquil la tarde de este martes, 20 de junio, en el que se abordó los riesgos sociales y económicos del fenómeno en Ecuador.
Actualmente, afirma Cornejo, existen síntomas que permiten prever que se está gestando el fenómeno de El Niño y que sus efectos podrían esperarse al menos en dos fases: diciembre-febrero 2024 y junio-agosto 2024.
Por ahora, se han generado eventos extremos por el cambio climático. Estos eventos, dice la experta, se parecen a los de El Niño y van a ser cada vez más recurrentes.
En ese sentido, asegura, que el país debe prepararse no solo para el fenómeno sino para eventos extremos que pudieran darse.
Cornejo citó que se pueden generar efectos en sectores como salud con la presencia de enfermedades como el dengue, leptospirosis, conjuntivitis, infecciones y mordeduras de culebra. En la parte de agricultura, acuacultura y pesca con problemas logísticos, daños en muros y accesos, migración de especies, plagas, inundación de cultivos.
En lo que respecta a infraestructura los efectos pueden estar en la afectación de vías, impactos en el saneamiento y en fuentes de agua potable e incluso en la distribución de energía.
Para Cornejo, los sectores deberían tomar las tablas de afectación por sector que se hicieron durante El Niño de 1997 y 1998 como punto de partida para ejecutar acciones en un escenario complejo y que se puede repetir.
Este sería una hoja de ruta para la elaboración de planes de contingencia, medidas de prevención y mitigación y análisis de riesgos de acuerdo con cada actividad.
¿Qué sucede en Guayaquil?
En Guayaquil, parte de lo que explica el incremento de sitios inundados con la llegada de las lluvias es la urbanización sin planificación hídrica.
Mijail Arias, docente y miembro del Centro de Agua y Desarrollo Sustentable de la Espol, cita que la ciudad perdió espacios que naturalmente mermaban la acumulación de agua y con ello se aumentó la vulnerabilidad de determinadas zonas.
Desde la Espol, firmas holandesas y el Municipio de Guayaquil, basándose en el estudio del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) sobre Vulnerabilidad y adaptación al cambio climático en Guayaquil, se propuso un proyecto para la parroquia Febres Cordero con soluciones basadas en la naturaleza.
Este es un conjunto de medidas complementarias a las tradicionales para adaptarse a eventos adversos. Allí se contemplan carreteras permeables, líneas verdes y calles transitables, en las que se maximice el espacio para el peatón con la implementación de área verde.
“La nueva administración tiene la oportunidad de continuar e impulsar este proyecto, bien sea en Febres Cordero o replicarlo en otras áreas que se conoce que tienen problemas de inundaciones”, dijo Arias.
Fuente: https://www.eluniverso.com/guayaquil/comunidad/sectores-productivos-debe...
